Podcasting: Artesanos, artistas y empresarios

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El podcasting ha dejado de ser terreno exclusivo de voces anónimas con micrófonos caseros. Hoy es un medio maduro, diverso, y a veces contradictorio. Entre el ruido de las métricas, las estrategias de monetización y las tendencias de moda, siguen emergiendo voces auténticas, como siempre. Pero no todas son iguales. Existen al menos tres grandes perfiles que habitan este universo sonoro: los artesanos, los artistas y los empresarios.

1. El artesano: hacer por amor al audio

El artesano del podcast no tiene prisa. Su objetivo no es la viralidad ni los rankings. Para él, cada episodio es como una pieza de cerámica: moldeada a mano, con dedicación, con mimo. Cuida la narrativa, el diseño sonoro, la edición, y sobre todo, cuida a su audiencia. No es una comunidad enorme, pero sí fiel y sincera.

Este perfil hace podcasting como quien escribe en su diario o pinta en su taller: porque lo necesita, porque lo disfruta, porque le da sentido. El feedback que más valora no viene en forma de números, sino de mensajes que empiezan con “Gracias, esto me llegó”.

No siempre monetiza, y si lo hace, es sin comprometer su voz. Puede que nunca llegue a ser portada en las plataformas, pero su contenido tiene alma.

Hacer del podcast tu lugar en el mundo

El artesano no solo crea un podcast, crea un refugio. Su estudio puede ser un rincón de casa, con una manta colgada para amortiguar el sonido y una taza de café siempre cerca. Pero lo que realmente lo define no es el entorno, sino la intención. No busca ser tendencia, sino ser fiel. A sí mismo, a su mensaje, a su comunidad.

Este perfil suele estar rodeado de otros como él: podcasters que comparten valores, no cifras. Se escuchan entre ellos, se recomiendan sin esperar nada a cambio, se animan cuando las estadísticas no suben. No hacen ruido en los rankings, pero sostienen el alma del medio. Sus conversaciones son profundas, humanas, hechas con mimo.

El artesano tiene una curiosidad insaciable por aprender, mejorar, y ayudar a otros. Si alguien le pregunta cómo grabar su primer episodio, no duda en compartir lo que sabe. Es generoso porque sabe que el podcasting no es una carrera, es una red.

A menudo se enfrenta a la frustración de ver cómo otros suben como la espuma con contenidos más vacíos. Pero resiste. Porque lo suyo no es una estrategia, es una forma de vida. Porque cada episodio es una pequeña obra hecha con el corazón.

El artesano no está detrás de los focos, está detrás del micrófono. Y ahí, en esa trinchera íntima del audio, es donde brilla de verdad.

2. El artista: el que sueña con el spotlight

Este es el perfil que ha descubierto el podcasting como trampolín. ¿Fama? ¿Seguidores? ¿Vivir de esto? Sí, por favor. El artista quiere brillar, y para eso, está dispuesto a seguir todas las fórmulas que le digan que funcionan.

Aquí se imita el tono, el estilo, incluso los temas. El objetivo no es tanto crear algo original como encajar en lo que las plataformas premian. Se graba en vertical, se cortan clips virales, se optimiza el SEO del título. Se busca ser escuchado, aunque a veces, eso signifique dejar parte de uno mismo fuera del micrófono.

No hay nada malo en querer que te escuchen. Pero cuando el envoltorio importa más que el contenido, a veces uno se olvida de por qué empezó a hablar.

Entre el micrófono y el algoritmo

El artista del podcasting tiene algo claro: quiere que lo escuchen. No le basta con grabar por amor al arte —quiere vivir de esto. Y no lo esconde. Ha probado formatos, cambiado títulos, rediseñado portadas, afinado su estilo. Y sigue en ello, porque sabe que para destacar en este océano de voces hay que adaptarse.

Escucha a los gurús, a las plataformas, a los informes. Sabe cuándo publicar, cómo titular, qué tipo de contenido posiciona mejor. A veces, eso le lleva a alejarse de su esencia, de ese primer impulso que lo llevó a grabar. Pero también le permite seguir intentándolo.

Es un explorador del medio. Prueba, duda, aprende. A veces reniega del postureo y otras veces cae en él, con toda la autoconciencia del mundo. Porque el artista también se cuestiona a sí mismo: ¿Estoy haciendo esto por mí, o por lo que se supone que debería funcionar?

Se rodea de creadores que también buscan hacer carrera, pero con conciencia. Personas que saben que para vivir del podcast no basta con ser bueno: hay que ser visible. Y para ser visible, hay que jugar el juego… o al menos conocer las reglas.

El artista está en ese equilibrio inestable entre la autenticidad y la estrategia. Puede que un día abrace el algoritmo y otro lo critique. Pero siempre vuelve al micrófono, porque en el fondo, aún cree que su voz merece un lugar.

3. El empresario: el que ve un negocio donde otros ven un hobby

El empresario no es podcaster, es estratega. No escribe guiones, encarga guiones. No graba, produce. Llega al podcasting desde el marketing, desde la publicidad, desde los informes de tendencias. Para él, el podcast es una línea más en un plan de negocio.

Analiza targets, mide KPIs, usa herramientas de escucha social y explota nichos. Si el informe dice que el true crime funciona, se lanza. Si mañana lo que pega es wellness, pivotará sin mirar atrás.

No hay apego emocional al medio, solo al rendimiento. El podcast no es un fin, es un canal. Su objetivo es claro: generar dinero, leads, o marca.

La industria detrás del micrófono

El empresario no llega al podcasting por vocación, llega por oportunidad. Sabe que el audio está de moda, que los números crecen, que hay marcas deseando subirse al carro. Y ahí está él —o ella, o una agencia entera— listo para diseñar el producto perfecto para captar atención… al menos durante un rato.

Aquí no hay cuadernos con ideas garabateadas en la madrugada, hay briefings. No hay pruebas de sonido, hay storyboards. El podcast es un formato más, una pieza dentro de una estrategia mayor. A veces para reforzar una marca personal que ya lo peta en otras redes; otras, como acción puntual de marketing que busca generar ruido. Branded content con forma de podcast, sí, pero con alma de spot.

Este perfil se reconoce fácilmente: el podcast nace ya envuelto en un packaging impecable, con portada pulida, música diseñada, voces reconocibles y una campaña de lanzamiento detrás. A veces incluso llega acompañado de notas de prensa y entrevistas en medios. Pero pasada la espuma, pocos recuerdan qué se dijo en el episodio uno. Porque lo que se dijo nunca fue lo importante.

Son proyectos pensados para el campanazo: visibilidad rápida, mucha polvareda, titulares, viralidad. Y, en muchos casos, después… silencio. No hay continuidad. No hay comunidad. Hay KPI cumplido y próximo proyecto en marcha.

El empresario no busca que lo escuchen cada semana durante años. Quiere que lo escuchen hoy. Lo demás, es otra historia.


Tres formas de estar en el podcasting… ¿y tú, cuál eres?

No hay un perfil mejor que otro. El artesano construye cultura. El artista empuja los límites. El empresario profesionaliza el medio. Cada uno aporta algo al ecosistema.

Pero también es cierto que, a veces, conviene parar y preguntarse: ¿por qué estoy haciendo esto? ¿Por amor? ¿Por validación? ¿Por dinero?

Sea cual sea tu respuesta, lo importante es no perder la voz en el camino. Porque al final, eso es lo que hace que un podcast no solo se escuche, sino que resuene.

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